miércoles, 14 de diciembre de 2011

Blanquitud

Imágenes de la “BLANQUITUD”
L a palabra espíritu que aparece en el famoso ensayo de Max Weber sobre la etyica protestante y espíritu del capitalismo  se refiere sin duda a una especie de demanda o petición de un cierto tipo de comportamiento que la vida económica de una sociedad hace a sus miembros. El espíritu es una solicitación o un requerimiento ético emanado de la economía. El espíritu del capitalismo consiste así en la demanda o petición que hace la vida practica moderna, centrada en torno a la organización  capitalista de la producción de la riqueza social, de un tipo especial de comportamiento humano. Un ethos  de autorrepresión productivista del individuo singular, de entrega sacrificada al cuidado  del a porción de riqueza que la vida le ha confiado.
Las reflexiones que quisiera presentarles intentan problematizar este planteamiento de Max Weber a partir del reconocimiento de un “racismo” constitutivo de la modernidad capitalista, un “racismo” que exige la presencia de una blanquitud de orden ético o civilizatorio como condición de la humanidad moderna, pero en ese caso como el del estado nazi de Alemania, pasa a exigir la presencia de una blancura de orden étnico, biológico y “cultural”.
Un racismo tolerante, dispuesto a aceptar (condicionadamente) un buen numero de rasgos raciales y “culturales” alien, “ajenos” o “extranjeros” es constitutivo del tipo de ser humano moderno-capitalista, por mas “abierto” que sea, este racismo identitario de la modernidad capitalista no deja de ser una racismo, y puede fácilmente, en situaciones de excepción, readaptar un radicalismo o fundamentalismo étnico virulento. 
Los negros, los orientales o los latinos que dan muestra de “buen comportamiento” en término de la modernidad capitalista norteamericana pasan a participar de la blanquitud. Incluso y aunque parezca antinatural, llegan con el tiempo a participar de la blancura, a parecer de raza blanca. La manipulación que Michael Jackson hace de los rasgo étnicos de su rostro es solo una exageración caricaturesca de la manipulación identitario y somática que han hecho y hacen con sus modos de comportamiento y con su apariencia física otros “no-blancos” atrapados en el american way of life.
El racismo étnico de la blancura, aparentemente superado por y en el racismo civilizatorio o étnico de la blanquitud, se encuentra siempre listo a retomar su protagonismo tendencialmente discriminador y eliminador del otro, siempre dispuesto a revisar su programa genocida. La mas media no se cansa de recordar, de manera solapadamente amenazante, el hecho de que la blancura acecha  por debajo de la blanquitud.
Basta con que el estado capitalista en situaciones de recomposición de su soberanía y se vea obligado a reestructurar y redefinir la identidad nacional que imprime a las poblaciones sobre las que se asienta, para que la definición de la blanquitud retorne al fundamentalismo y resucite a la blancura étnica como prueba indispensable de la obediencia al “espíritu del capitalismo”, como señal de humanidad y de modernidad.
El nazismo aprovecha el antijudaísmo  tradicional de la pequeño burguesía europea, que invierte la carga valorativa de admiración envidia de esta clase hacia los judíos y la presenta como si fuera un desprecio-rechazo.
En contra de la afirmación entusiasta que hacen los alemanes judíos de la blanquitud tolerante como credencial de entrada a la humanidad moderna, la recomposición nazi del estado capitalista pretende la eliminación de ella y la instauración, en ligar suyo, como requisito ineludible para la pertenencia al genero humano, de una blanquitud fundamentalista, esto es, de una blancura racial extrema, una blancura aria, que sería la portadora natural de una modernidad “regenerada”.
Dado el hecho de que las artes pláticas trabajan con imágenes y de que el racismo tiene que ver directamente con ciertas características de la imagen del cuerpo humano y su mundo, el intento que esas artes hicieron de poner en práctica ese absurdo durante este periodo de la historia alemana resulta especialmente ilustrativo.
Los pocos artistas verdaderamente nazis, que pretendieron hacer un arte específicamente nazi , capaz de entrar en empatía estética con el movimiento político manipulado por Hitler y su banda, como Arnold Breker, en la escultura , un Adolf Ziegler, en loa pintura, un Albert Speer, en la arquitectura, o una Leni Riefenstahl, en el cine, tuvieron con la propuesta formal del primero de Breker, si no un modelo prescriptivo, si un ejemplo a imitar.
La contrarrevolución política del movimiento nazi tuvo su equivalente en la contrarrevolución  formal del arte que se integro en el. Lo mismo que el nazismo significo para la revolución europea, su ate significo para la explotación formal de las vanguardias del arte moderno.   


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